Ni es negra, ni es una sola. En realidad, lo que los medios de comunicación han terminado por llamar de forma genérica "caja negra" son dos dispositivos que registran todos los parámetros del vuelo, y están diseñados con dos objetivos. El primero, que sean capaces de resistir casi cualquier accidente y el segundo, que los expertos puedan leer en cualquier momento los datos que han quedado guardados en ellos, para poder analizarlos.
Suelen ir coloreados de naranja o amarillo en tonos vivos, para facilitar su localización en caso de accidente, están rotulados con un mensaje en inglés y francés que reza "no abrir" y disponen además de una radiobaliza submarina incorporada que se activa de forma automática tras una colisión y que guía a los equipos de rescate hasta ellos. Emite en una frecuencia específica de 37,5 kHz, y su señal llega a la superficie sin problemas siempre que la profundidad a la que se encuentre no sea mayor a 4.000 metros.
La cápsula que las protege es capaz de resistir una temperatura de 1.100 ºC durante al menos media hora, impactos de 3.400 veces la fuerza de la gravedad, y la presión que experimenta un objeto sumergido a una profundidad de hasta 6.100 metros. Suelen ir montadas en la cola del avión, donde las posibilidades de resistir a un accidente son mayores.
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