RADIO ONLINE

martes, 1 de abril de 2014

La Joya Perú.

El 11 de abril de 1980.              En la base aérea de La Joya, en Arequipa, 1800 personas entre civiles y militares observaron un objeto extraño sobrevolando su cielo. Inmediatamente, el pilito, Óscar Santa María, recibió la orden de perseguir al artefacto y atacarlo, si consideraba que era un peligro para la soberanía nacional
A las 7 y cuarto de la mañana, un oficial de la Fuerza Área del Perú (FAP), advirtió la presencia de un extraño globo que parecía elevarse en el espacio aéreo circundante a la zona de la base militar de La Joya, en Arequipa. El grupo del escuadrón salió a ver de qué se trataba ese objeto y efectivamente, divisaron que a unos 600 metros de altura, sobre el final de la pista de aterrizaje, había un objeto luminoso elevándose, casi estático, sobre el espacio aéreo de la base.

 El oficial destacó al entonces destacado teniente de la FAP, Óscar Santa María, para realizar una operación de “derribo” al objeto señalado. Esto pues se especulaba que el objeto sería algún tipo de satélite o nave de algún país vecino que tenía como objetivo espiar sobre las actividades militares realizadas en la citada base aérea.

Según el testimonio de Santa María, a los pocos minutos de iniciado su vuelo, tomó posición para realizar el ataque ordenado al objetivo. Santa María piloteaba un Sukhoi 22, nave de guerra de gran tecnología que cuenta con una extraordinaria precisión para ataques aéreos y terrestres, con ella y luego de tener al objetivo en la mira, disparó sus obuses , esperando haber impactado en el objeto. No obstante, para su sorpresa, la nave “absorbió” el ataque, sin siquiera permitir que los obuses estallaran.

Santa María, recuperado de la sorpresa del primer ataque, siguió nuevamente al objeto llegando incluso a 11 mil metros de altura, a cerca de unos 84 kilómetros de la base de La Joya. Al darle alcance, el piloto volvió a tomar la posición de disparo, no obstante, nuevamente, y antes de que el piloto pudiera realizar el disparo, el objeto subió a mayor altura, rompiéndole así la maniobra del militar peruano.

Santa María continuó su persecución hasta llegar a los 22 minutos de vuelo con intención de ataque dejando así a su avión casi sin combustible, lo que le imposibilitó continuar con una nueva maniobra de ataque.

No obstante, el piloto logró alcanzar nuevamente al objeto, pero esta vez, lejos de intentar atacarlo simplemente lo rodeó como para reconocer quien o qué era su enemigo circunstancial. Grande fue su sorpresa cuando notó que su enemigo era algo que nunca había visto en toda su carrera militar.

“Era un objeto con una cúpula pavonada, como un foco partido por la mitad, con una base ancha de metal que hacía que todo brille, cuando me acerqué y cuando lo vi copmleto, me di cuenta que no tenía, toberas, alas, ventanas, antenas, nada, era una superficie muy lisa por arriba y por abajo”. Dice Santa María recordando su experiencia.

Al final de esta misión, el piloto peruano había disparado cerca de 38 obuses, ninguno de ellos le produjo un daño visible al objeto desconocido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario